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Estos días asistí un poco estupefacto al entorno mediático que se montó entorno a la pitada recibida por el Rey y, sobre todo, la pitada que se le dio al himno español que sonó en la final de la Copa de baloncesto. Decir, antes de nada, que la segunda fue mucho mayor que la primera, para todos aquellos que los quieran comparar no fue comparable ni mucho menos.

El tema es que a pesar de que en parte era esperado, no contaba con tanta repercusión mediática, ni que el periodismo, tanto el deportivo como el general se escandalizara por un hecho que desde mi punto de vista es bastante normal. Si en en protocolo de la competición está que vaya el rey y se ponga el himno español te expones al riesgo de que sea pitado si esto no lo gusta al público. Ahora la gente se escandaliza porque se pita... pos simplemente limitarse al deporte de la canasta que era la competición que había allí. Otro detalle, que se suele criticar mucho cuando se dice que: “pos si no quieren competir que no vayan”. Creo que todas las personas que asistieron a ese recinto deportivo, por cierto, pagando una generosa cantidad, fue para ver la mejor competición de baloncesto que existe en el Estado español. No pagaron, ni para silbar al rey, ni al himno español, eso fue un instante momentáneo. Es como decir, si no les gusta que pongan el himno que no vayan a ver a su equipos.

Bueno, a todo esto, tengo que reconocer que no me gusta escuchar silbidos a himnos, ni al español, ni a ningún otro, pero tampoco me gusta que se politice de forma continua el deporte. De todas formas, si deciden hacer una competición allí, y pasa eso, sin ningún otro tipo de incidente... Pues, dejemoslo en algo propio de un país democrático y con multitud de valores y sensibilidades. Sinceramente, la gente que se moleste, pos no sé, creo que tendrá que aguantarse como otra gente se tiene que aguantar cuando le imponen un símbolo o institución que no comparte.