<!-- @page { margin: 2cm } P { margin-bottom: 0.21cm } -->

Esta iba a ser una entrada en la que hablar de banderas, de la utilización política del Mundial, del cinismo de los representantes públicos y del que considero “nacionalismo asfixiante”, en contraposición a lo que puede ser un “nacionalismo integrador”. Pero no, no me apetece, quizá porque cada día me decepcionan más los políticos, o porque estoy en una etapa de separación de la vida pública y trato más de centrarme en otro tipo de cosas, más del día a día, más relacionado con las relaciones humanas.

Puede ser una justificación absurda, pero me apetece hablar del beso. Pero, lo haré comenzando por el final, porque hace un par de días en la redacción del periódico entró por el servidor de fotografías de Efe un mensaje similar al siguiente: “Borren de sus archivos la fotografía correspondiente al día XX de beso entre el portero de la selección española, Iker Casillas y la periodista, Sara Carbonero. Nos lo ha pedido Telecinco, nosotros lo hemos hecho y rogamos a todos nuestro clientes que así lo hagan”.

Pero esto es sólo el principio de lo que puede suponer este hecho para Sara Carbonero. La mujer, que había gestionado de forma casi impecable su vida personal, que había conseguido esquivar cualquier gesto criticable, sufrió o disfrutó del arrebato de pasión de su novio tras ganar el título. En el momento, es algo que no parecía nada más de lo anecdótico. Sin embargo, el circo mediático lo destacó el día siguiente y los programas mal llamados del corazón entraron en el asunto para desvirtuarlo y perjudicar a la periodista de forma notable.

Pero, la cuestión no es sólo mediática, también es social. En una conversación de cafetería discutía con la novia de un amigo:

_Carbonero es una sosa, mira que broma le hicieron en el avión y no la aguantó. Además, le preguntaron por la promesa de Casillas y dijo que era mejor que se cortase el pelo.

_Mujer, vamos a ver, tu viste las cámaras que había ahí. Llevaba un tiempo hablando con su novio y vinieron a interrumpirles. No creo que le haga mucha gracia. Además, cuanto tiempo llevan, unos meses y quieres que se casen.

 

A todo esto la promesa de Casillas era que se cortaba el pelo y que le pedía matrimonio a Carbonero. La periodista, al parecer, afirmó que “mejor que se corte el pelo”.

Mi reflexión quiere ir un poco más allá. Hasta el punto de que cuanto le costará a la pareja ese beso. Un acto pasional, fruto de las emociones y la celebración. ¿Es justo que una relación que se estaba gestionando con sigilo pase a dominio público? ¿Es de recibo que Carbonero pase a ser juzgada a partir de ahora por eso? ¿Qué pasará si lo dejan?

Sí, creo que el beso se convertirá en un problema. Sin embargo, no debería de ser así, creo que la gente debería no juzgar a una pareja de profesionales por dejarse llevar en un momento pasajero. Creo que todo el mundo deberíamos tener un espacio personal, de relaciones afectivas, que no fueran objetivo de juzgado público. Creo que, si una pareja se quiere debe tener su espacio, independiente de su valía personal. En fin, creo que un periodista y un futbolista pueden enamorarse sí y gestionarlo como deseen sin intromisiones. Pero creo que puede haber más casos, creo que se pueden enamorar un bombero y una empresaria. Un ingeniero y una limpiadora.

Claro, también creo que todo eso puede pasar en otro lugar que no sea España. Un lugar donde se decida respetar la vida personal. Donde el cotilleo no sea el pan de casa día. En fin, ánimo a los afectados.

Roonnie